Las tensiones entre Rusia y Turquía ponen en peligro sus proyectos energéticos

tensiones entre rusia y turquia - Jorge Neri BonillaInfraestructuras como el gasoducto conjunto Turkish Stream, recientemente paralizado, o la suspensión de la construcción de la planta nuclear de Akkuyu, son algunas de las víctimas de la escalada de tensión que mantienen ambos países desde que la aviación turca derribara el bombardero ruso en la frontera con Siria a mediados de noviembre. El incidente, en el que murieron uno de los dos pilotos rusos y un soldado que participaba en una misión para rescatarlo, desencadenó una grave crisis diplomática bilateral. Rusia adoptó represalias económicas contra Turquía, que afectan principalmente a los sectores del turismo, la energía, la construcción y la agricultura, mientras que Turquía ha amenazado a Rusia con encontrar otros proveedores de energía, así como advertir que su paciencia “tiene un límite”.

El conflicto se ha intensificado desde entonces hasta el punto de que el pasado domingo un destructor ruso disparó contra con un barco pesquero turco en el mar Egeo y el lunes un buque turco detuvo varias plataformas de perforación de una empresa rusa trasladadas por aguas rusas en el Mar Negro. Rusia anunció después de los incidentes la cancelación de un encuentro entre el presidente Vladimir Putin y su homólogo turco Recep Tayyip Erdogan previsto para el 15 de diciembre, evidenciando el enfriamiento de las relaciones.

Nadie sabe cuáles son las futuras consecuencias de este conflicto entre dos grandes potencias, pero no hay duda de que las medidas tomadas en contra de los proyectos energéticos son unas de las que podría producir mayores efectos a largo plazo debido a la delicada situación del gas ruso en Europa.

Y eso que parecía que el sector energético de estos dos países era intocable. De hecho, la iniciativa conjunta de Putin y Erdogan de construir el Turkish Stream propuesta en diciembre de 2014, como proyecto que sustituía al Turkish Stream, estaba llamado a ser la vía de suministro de gas ruso a Turquía y Europa sin pasar por Ucrania, un objetivo que Rusia persigue desde hace tiempo. Pero “Putin parece decidido a castigar a Turquía por el derribo del caza ruso, incluso si las sanciones económicas y energéticas dañan a su economía y sus empresas”, señala un reciente artículo de Foreign Policy.

Recordemos que compañías como la estatal Gazprom, encargada del proyecto del Turkish Stream, atraviesa problemas de liquidez, entre otras cosas por haber invertido millones en la construcción
de infraestructuras que solo se pueden utilizar para el gasoducto en cuestión. En cuanto a los cortes de gas, no se contemplan por el momento, pero éstos podrían tener graves consecuencias si se incrementa la tensión, ya que Turquía, el segundo mayor mercado de exportación de Gazprom, es el único lugar de Europa donde la demanda de gas natural crecerá.

Implicaciones para Europa

Los efectos para el resto de países europeos también son evidentes.
Sobre todo debido a los problemas de suministro que derivan del conflicto de precios del gas entre Rusia y Ucrania iniciado por Gazprom en 2009 y que provoca interrupciones generalizadas. La crisis se ha recrudecido en los dos últimos años, después de la secesión de Crimea, por lo que proyectos que evitasen la zona como el Turkish Stream, que transcurriría a través del Mar Negro hasta Turquía y Grecia, son claves también para los países europeos.

Es cierto que este proyecto no ha estado nunca exento de problemas. Ya durante el verano pasado las conversaciones se ralentizaron debido a que Rusia y Turquía no lograron ponerse de acuerdo sobre los precios del gas y por la imposibilidad de Erdogan de formar gobierno tras las elecciones de junio. En octubre, Gazprom dijo que había reducido a la mitad la capacidad prevista del gasoducto, que cubriría inicialmente el 30 por ciento de las necesidades de gas ruso de Turquía y la Unión Europea. Y finalmente el 3 de diciembre de 2015, el ministro de Energía ruso, Alexánder Novak, anunció que “las negociaciones del Turkish Stream están suspendidas”.

Por el momento, las vías alternativas que parece que avanzan son los proyectos del Trans Adriatic Pipeline (TAP), que facilitaría el transporte de gas entre el Mar Caspio y Europa pasando por Turquía y por otro lado, el gasoducto Nord Stream que uniría los envíos desde Rusia a Alemania. Pero si algo queda claro es que Europa quiere reducir su dependencia energética de Rusia para que su consumo no se vuelva a ver comprometido por los conflictos del Kremlin. La intención es diversificar también el suministro. Los países más dependientes son Bulgaria, Eslovaquia, Finlandia, Letonia y Lituania, y en menor medida Alemania (40 por ciento), Italia (30 por ciento) y Francia (22 por ciento).

Jorge Neri Bonilla

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