Anxiety disorders / Panic attacks
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7 minutos de lectura

La economía de la escasez y el sálvese quien pueda

La economía de la escasez y el sálvese quien pueda

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por Jorge Neri

Cuando sentimos miedo, nuestra primera reacción es protegernos. Lo hacemos las personas, lo hacen las empresas y lo hacen también los países. Y eso es exactamente lo que estamos viendo en el mundo. Ante la incertidumbre económica, la competencia por los recursos, el aumento de la deuda y las tensiones geopolíticas, cada nación intenta asegurar primero su propia supervivencia.

Es comprensible. El problema comienza cuando todos intentamos salvarnos al mismo tiempo y cada uno por su cuenta.

Estados Unidos ha colocado la defensa de sus propios intereses en el centro de su estrategia económica. China hace lo mismo, protegiendo su crecimiento, su capacidad industrial, su tecnología y su posición global. Europa intenta encontrar su propio espacio entre las grandes potencias mientras busca preservar un modelo social que cada vez resulta más difícil financiar.

Y los países con menos recursos observan esta competencia desde una posición todavía más vulnerable, intentando encontrar oportunidades dentro de un sistema en el que las grandes potencias concentran cada vez más sus esfuerzos en proteger sus propios intereses.

No se trata de juzgar a Estados Unidos, China, Europa ni a ningún otro país. Probablemente cada uno está haciendo lo que considera necesario para proteger a su población, su economía y su futuro. El problema no está en las decisiones. Está en la lógica desde la que las estamos tomando.

El efecto sálvese quien pueda

El efecto sálvese quien pueda

Interactivo

¿Qué lógica mueve el sistema?

Cambia el modo y observa cómo se transforma la misma ambición cuando opera desde la escasez o desde la abundancia.

Ganar-ganar

Prosperar deja de exigir que otros pierdan.

Países

Prosperan contribuyendo también a la estabilidad de otros.

Empresas

Ganan porque mejoran la vida de clientes, equipos y entorno.

Personas

El bienestar propio crece cuando también crece el bienestar común.

La verdadera abundancia empieza cuando generar riqueza también genera bienestar compartido.

La lógica ganar-perder

Seguimos operando bajo una idea profundamente arraigada en nuestra economía. Para que yo gane, alguien tiene que perder. Si yo quiero vender más, alguien tendrá que vender menos. Si quiero controlar un recurso, otro dejará de controlarlo. Si quiero aumentar mi influencia, alguien deberá perderla. Si quiero proteger mi industria, tendré que dificultar la entrada de la tuya.

Ganar-perder. Esa lógica puede funcionar durante un tiempo. Incluso puede producir enormes beneficios para quien consigue situarse del lado ganador. Pero tiene un problema fundamental. En un mundo profundamente interdependiente, cada vez resulta más difícil ganar destruyendo las condiciones que permiten prosperar a los demás.

La economía de la escasez en un mundo interdependiente

Nuestras economías están conectadas. Nuestras cadenas de producción están conectadas. Nuestros sistemas financieros están conectados. El clima está conectado. La tecnología está conectada. Las migraciones, la energía, los alimentos y los recursos naturales atraviesan fronteras.

Nunca habíamos dependido tanto unos de otros. Y, paradójicamente, nunca habíamos sentido tanta necesidad de protegernos unos de otros. Ahí aparece la economía del sálvese quien pueda.

Cada país intenta quedarse con una porción mayor. Cada empresa intenta proteger su posición. Cada persona intenta acumular suficiente para sentirse segura. Pero si todos actuamos desde la convicción de que el otro representa una amenaza para nuestra propia prosperidad, terminamos construyendo exactamente el mundo que tememos.

El coste oculto del sálvese quien pueda

Un mundo de desconfianza. La lógica ganar-perder tiene un problema inevitable. Para que existan ganadores, necesita perdedores. Y un sistema que necesita perdedores para funcionar termina generando demasiados perdedores para poder mantenerse estable.

Durante mucho tiempo hemos aceptado la desigualdad extrema, la degradación de la naturaleza o la exclusión de millones de personas como consecuencias inevitables del crecimiento. Primero crear riqueza y después intentar repartir parte de ella.

Del ganar-perder al ganar-ganar

Probablemente el verdadero desafío sea diferente. Aprender a crear riqueza generando bienestar desde el principio. Ese es el salto del ganar-perder al ganar-ganar.

No significa que desaparezca la competencia. La competencia puede impulsar innovación, eficiencia y progreso. Tampoco significa que todos obtengamos exactamente lo mismo ni que desaparezcan los intereses individuales. Significa algo mucho más práctico. Que mi beneficio no necesite construirse sobre tu perjuicio.

Que una empresa pueda ganar dinero porque mejora la vida de sus clientes, de sus trabajadores y de las comunidades donde opera. Que invertir en regenerar la naturaleza pueda generar rentabilidad. Que un país pueda prosperar contribuyendo también a la estabilidad de otros. Que el éxito deje de medirse únicamente por cuánto conseguimos extraer y empiece a medirse también por cuánto bienestar somos capaces de generar.

La verdadera abundancia

No necesitamos eliminar el interés propio. Necesitamos dejar de diseñar una economía donde el interés propio encuentre su mayor recompensa en trasladar el coste a los demás. Porque esos costes siempre terminan regresando. Regresan como desigualdad, migraciones desesperadas, inestabilidad política, degradación medioambiental y mayores tensiones entre países.

Y al final descubrimos algo que quizá debimos comprender mucho antes. El bienestar del otro también forma parte de mi propio bienestar. La verdadera abundancia no consiste en que todos tengamos infinitamente más. Consiste en construir un sistema donde generar riqueza contribuya al mismo tiempo a generar bienestar.

Ese cambio exige abandonar una de las creencias más profundas de la economía de la escasez. Que para ganar necesito que tú pierdas. No creo que podamos seguir construyendo el futuro desde esa premisa.

Porque cuando el planeta entero empieza a funcionar bajo la lógica del sálvese quien pueda, llega un momento en el que ya no queda ningún lugar donde salvarse. O aprendemos a ganar juntos, o terminaremos perdiendo todos.

Jorge Neri
Autor de La Economía de la Abundancia
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