Enciende un sueño y déjalo arder en ti. Foto Copyright 2020 ©Jorge Neri Bonilla

Enciende un sueño y déjalo arder en ti

Siempre me ha gustado leer y hacer ejercicios. Mente sana en cuerpo sano. Me pasé mi juventud entre el ejercicio y los libros. Imaginaba que era Mark Allen, seis veces campeón del Ironman de Hawái, o que era Ojo de Halcón en El último mohicano. Soñaba con grandes hazañas que cambiarían el mundo y, de paso, me sacudía cierto grado de dislexia.

Así, entre una aventura literaria y otra, reclamaba la libertad de los oprimidos, exigía justicia y crecía en valores y principios, lo cual no era nada extraño puesto que en mi casa se hablaba de justicia, leyes y de jurisprudencia. Mi padre uno de los mejores abogados que he conocido en el mundo, siempre nos repetía con vehemencia, que Roma fue un imperio que conquistó el mundo, lo civilizó y modernizó gracias al desarrollo del derecho.

De modo que cuando en 1992 me gradué en Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello, no hubo ninguna duda. Se impuso la recomendación de mi padre: ir a Estados Unidos. Nueva York es la Roma de nuestro tiempo hasta el punto de que todos los grandes conflictos mundiales se dirimían en la jurisdicción de Nueva York. Si Roma fue la cuna de la civilización antigua, Nueva York es el centro del capitalismo y, en consecuencia, del derecho civil y mercantil, una hegemonía global que pivota sobre Londres y Hong Kong.

No lo tuve fácil en la ciudad que nunca duerme. El examen de ingreso en la Escuela de Derecho de la New York University, donde me matriculé en una Maestría en Derecho Jurisprudencial, exigía un nivel de inglés superior al que yo tenía entonces. Con este handicap, y en un plazo de apenas tres meses, tuve que prepararme para un examen que muchos Americanos no lograban superar a la primera, como le ocurrió a John F. Kennedy. En fin, no había viajado desde Venezuela, dejando atrás lo que había sido mi vida hasta entonces, incluida mi familia, para fracasar y volver con las manos vacías. En 1994 ya estaba ejerciendo con todos los títulos oficiales como abogado colegiado miembro de la New York State Bar Association.

En mi etapa neoyorquina aprendí que no hay nada que uno se proponga que no se pueda lograr con trabajo, tesón y esfuerzo. Así, en 1995, me matriculé en Administración de Empresas (ADE) en la New York University, compaginando la difícil tarea de mi trabajo como joven abogado en el prestigioso bufete Hughes Hubbard & Reed LLP (HH&R) y mis estudios de ADE en las noches. Poco después, ya era considerado uno de mejores asociados de este despacho. Incluso tuve la oportunidad de ser parte del equipo jurídico que llevó al Tribunal Supremo de Estados Unidos uno de los casos más sonados de la época en el que se dirimían derechos fundamentales, como fue la causa por discriminación por motivos sexuales contra la organización Boy Scouts of America. Por primera vez percibí, como nunca antes lo había sentido, que mi sueño infantil de cambiar el mundo era una realidad al alcance de la mano.

A los 25 años viví mi segunda gran revelación. Sucedió durante una pausa en las agotadoras e interminables jornadas de trabajo en HH&R, que aproveché para realizar mi primer viaje a España junto a unos amigos. La lectura del libro La novena revelación, de James Redfield, cambió mi vida. Su lectura se fue mezclando con la parte épica del descubrimiento de la belleza de España y su gente. Me abrió la puerta a una espiritualidad que hasta ese momento había intuido, pero que no había llegado a manifestarse de una forma tan palmaria. Desde ese instante, no he parado de leer y profundizar en mis conocimientos y experiencias espirituales, con más de 10 años en la práctica de yoga y la meditación.

De regreso a Caracas, como representante de HH&R para los países del Pacto Andino (Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia), tuve la oportunidad de ayudar a llevar inversión extranjera a dichos países y especializarme en el lanzamiento y desarrollo de nuevos proyectos y empresas en el ámbito de la energía, infraestructura y eventos, así como en el área de la publicidad y el marketing. En 2006 realicé un Programa Intensivo de Negociación en la Said Business School de Oxford University.

El deterioro de la situación política, económica y social de Venezuela, y la catástrofe humanitaria que se avecinaba en medio de un auténtico drama humano, me obligó a abandonar el país junto a mi familia. Son momentos de confusión y desarraigo, en los que la vida que has creado se desmorona a tu alrededor, y te preguntas si merece la pena seguir adelante. En esas circunstancias, me incorporo a Cambio16, la emblemática revista cuya cabecera es símbolo y referente de la libertad de prensa e información. Y lo hice en un momento en el que este medio de comunicación, al igual que el mundo que había conocido hasta entonces, parecía esfumarse en medio de la incertidumbre y un incierto futuro. ¿Por qué Dios puso este proyecto de información y comunicación en mis manos? ¿Por qué precisamente yo? La respuesta la encontré en Kierkegaard: “La vida sólo puede ser entendida mirando hacia atrás, pero tiene que ser vivida hacia delante”

Después de un largo desierto al frente de Cambio16, aprendiendo una nueva industria en un nuevo país, logré arribar al destino, un proyecto cuyo “propósito es la construcción de un mundo más humano, justo y regenerativo a través del conocimiento y de la conciencia”. Durante el proceso de transformación, como un pilar fundamental de la línea editorial, he integrado la defensa de la biodiversidad y el medio ambiente. Bajo esta directriz, hemos venido cumpliendo y desarrollando dicha misión cada vez con mayor impacto y resultados.

Posteriormente, en virtud de la gravedad de la emergencia climática, pasamos de la información a la acción, desarrollando una serie de eventos para colaborar, no solo en la difusión del conocimiento del problema, sino en la promoción de la conciencia colectiva sobre la urgencia de una participación de la sociedad en la adopción de soluciones. Ejemplos de ello son el Congreso Internacional de Sostenibilidad Medioambiental (CISM), los Premios Cambio16 (con su principal categoría Premio Madre Tierra) y el Índice de Sostenibilidad de Cambio16 de empresas en España.

Mucha gente hoy dice que hay que cambiar, que el mundo tal como lo conocemos no tiene recorrido, que está agotado, que no hay futuro, pero muy pocos son los que realmente creen que el cambio es posible. Y menos aún los que están dispuestos a dar el paso para buscar nuevos paradigmas, a trabajar y esforzarse por otro modelo de convivencia, de producción, de consumo, de preservación de los recursos naturales y de la biodiversidad. Si queremos acelerar el cambio hacia la sostenibilidad, desde todo punto de vista, tenemos que ayudar a las personas, empresas y organizaciones de todo tipo a elevar su nivel de conciencia para que desarrollen mejores relaciones consigo mismas, con las demás personas y con el medio ambiente.

Ahora, desde la experiencia y la responsabilidad que implica aceptar el reto del cambio, he comprendido el pensamiento de Shakespeare: “Enciende un sueño y déjalo arder dentro de ti”. Nunca hemos vivido un momento tan fascinante de interconexión y desafíos: un despertar, y en esta historia todos podemos ser héroes porque todos somos protagonistas.