Fast Driving At Night Free Stock Video
Picture of por Jorge Neri

por Jorge Neri

Facebook
X
LinkedIn
WhatsApp
7 minutos de lectura

En La Economía de la abundancia lo importante es la dirección

En La Economía de la abundancia lo importante es la dirección

Picture of por Jorge Neri

por Jorge Neri

Hay una pregunta que inevitablemente aparece cuando hablamos de construir una economía basada en el bienestar de las personas y de la naturaleza. ¿Es una utopía?

¿Realmente podemos esperar que las personas dejen de buscar su propio beneficio, que las empresas renuncien a maximizar sus resultados o que los países dejen de defender sus intereses? Mi respuesta es sencilla. No tenemos que esperar a que eso ocurra.

El interés propio forma parte del comportamiento humano. Ha sido además uno de los grandes motores de la economía. Nos impulsa a trabajar, emprender, competir, innovar, invertir y asumir riesgos. El problema no es necesariamente el interés propio. El problema es la dirección hacia la que lo hemos orientado.

Durante demasiado tiempo hemos construido incentivos que permiten que una persona o una empresa obtengan enormes beneficios, aunque parte de los costes de producirlos terminen siendo asumidos por otros.
Contaminamos y alguien pagará después las consecuencias. Explotamos un recurso natural y dejamos su regeneración para el futuro. Reducimos un coste trasladándolo a trabajadores, comunidades o al planeta. Generamos una rentabilidad extraordinaria y consideramos secundarios los efectos que esa rentabilidad produce a nuestro alrededor.
Desde la lógica individual, muchas de esas decisiones pueden incluso ser racionales. Desde la lógica colectiva, pueden resultar devastadoras.

Por eso creo que puede ser un error en estos momentos pensar que para construir una economía más humana, justa y regenerativa, necesitamos primero transformar moralmente a toda la humanidad.
Sería maravilloso que todos actuáramos siempre desde la generosidad, la solidaridad y una consciencia elevada. Pero si queremos ser pragmáticos y empezar a salir del circulo destructivo en el que estamos, tenemos que buscar soluciones y alternativas viables ya que sirvan a nuestro bajo nivel de consciencia.

Necesitamos una economía que funcione incluso mientras seguimos siendo imperfectos. Ahí está, para mí, uno de los cambios fundamentales.

Brujula de incentivos

Brújula de incentivos

Interactivo

No cambia la ambición. Cambia la dirección.

Mueve la aguja: el mismo deseo de prosperar produce consecuencias distintas según aquello que el sistema premia.

Empresa

Prosperar cuidando mejor el talento, la comunidad y la naturaleza.

Capital

Encontrar sus mayores oportunidades donde hay rentabilidad y bienestar.

Innovación

Resolver problemas reales se vuelve más atractivo que crearlos.

Si para ganar más necesito generar más bienestar, el ego no desaparece: cambian sus consecuencias.

Producir más no significa vivir mejor.

Porque producir más no siempre significa vivir mejor. Tener más no siempre significa ser más felices. Y crecer económicamente mientras destruimos las condiciones que hacen posible nuestra propia vida no puede considerarse éxito indefinidamente. La Economía de la Abundancia parte precisamente de ahí.

No propone un mundo sin empresas, sin beneficios, sin propiedad, sin competencia o sin ambición. Propone algo mucho más pragmático. Poner toda esa extraordinaria energía humana a trabajar en la dirección correcta.

Creo profundamente en el despertar de la consciencia. Creo que la verdadera transformación comienza dentro de cada uno de nosotros. Pero también creo que podemos ayudar a acelerar ese despertar construyendo un sistema que deje de premiar nuestros comportamientos más destructivos y empiece a recompensar aquellos que generan bienestar.

Entonces el círculo puede empezar a cambiar. Mejores incentivos producen mejores decisiones. Mejores decisiones producen mayor bienestar. Mayor bienestar reduce el miedo y la percepción de escasez. Y una sociedad con menos miedo puede tomar decisiones desde un nivel diferente de consciencia.

Ese puede ser el primer paso de la Economía de la Abundancia. No esperar a que todos seamos mejores para cambiar la economía. Cambiar la economía para ayudarnos a ser mejores. Hagamos que hacer el bien sea también el mejor negocio.

Que regenerar sea más rentable que destruir.

Si una persona quiere ganar dinero, que pueda ganar mucho dinero. Si un empresario quiere construir una gran compañía, que pueda construirla. Si un inversor busca una rentabilidad extraordinaria, que pueda encontrarla. Pero hagamos que el camino más atractivo para conseguirlo sea también aquel que genera mayor bienestar. Que cuanto más valor cree una empresa para las personas y para la naturaleza, mayores sean sus posibilidades de prosperar.

Que regenerar sea más rentable que destruir. Que resolver un problema genere más oportunidades que crearlo. Que cuidar a las personas deje de ser visto únicamente como un coste y se convierta también en una fuente de productividad, compromiso y valor. Que el capital encuentre sus mayores oportunidades precisamente allí donde pueda producir simultáneamente rentabilidad y bienestar.

Eso cambia radicalmente la discusión. Ya no se trata de enfrentar beneficio y propósito. Ni crecimiento y sostenibilidad. Ni riqueza y justicia. Se trata de conseguir que empiecen a avanzar en la misma dirección.

No necesitamos eliminar el ego, en una primera fase. Necesitamos cambiar los incentivos que lo alimentan. Porque el egoísmo también puede ser redirigido. Si para ganar más necesito generar más bienestar, mi deseo de ganar seguirá existiendo. Pero sus consecuencias serán diferentes.

Si para aumentar el valor de mi empresa necesito cuidar mejor a mis trabajadores, reducir mi impacto ambiental, crear productos que mejoren realmente la vida de las personas y fortalecer las comunidades donde opero, incluso una decisión tomada inicialmente desde el interés propio puede terminar produciendo un beneficio colectivo.

Con el tiempo, quizá también cambie nuestra consciencia. Pero no tenemos que esperar. Podemos comenzar por cambiar la dirección.

Esto no significa sustituir el mercado ni acabar con la competencia. Todo lo contrario. Significa utilizar su extraordinaria capacidad para movilizar talento, capital, innovación y ambición hacia objetivos que mejoren nuestra vida.

No necesitamos destruir la máquina. Necesitamos cambiar hacia dónde la dirigimos. Durante mucho tiempo hemos medido el éxito económico fundamentalmente por cuánto producimos, cuánto consumimos, cuánto crecemos o cuánto dinero acumulamos. La siguiente evolución debería obligarnos a hacernos una pregunta diferente. Cuánto bienestar somos capaces de generar mientras creamos esa riqueza.
Jorge Neri
Autor de La Economía de la Abundancia
Facebook
X
LinkedIn
WhatsApp

Transforma tu visión.

Impulsa el cambio.

Recibe cada semana noticias y consejos sobre liderazgo consciente y economía sostenible en tu bandeja de entrada.

Al unirte aceptas recibir correos con contenido seleccionado. Puedes darte de baja en cualquier momento.